El ala E del PDX ya tiene quien la amplíe: la constructora sueca Skanska

  Foto:  Cortesía de PDX

Foto: Cortesía de PDX

Francisco Machalskys- El anuncio se vino haciendo a lo largo de 2017, hasta concretarse a mediados de octubre: el aeropuerto de Portland —conocido más familiarmente como el PDX— verá crecer sus instalaciones al ampliarse su ala E en una dinámica terminal de seis puertas adicionales.

La obra forma parte de un plan expansivo que avala el Puerto de Portland —Port of Portland, autoridad administradora de las terminales marítimas y aéreas— que tendrá una duración de cinco años y con un costo global de 300,000 millones de dólares.

La participación de la faraónica firma sueca de construcción Skanska —responsable, entre otras grandes obras, de remodelar la estación de metro y tren World Trade Center, así como el MetLife Stadium, ambas en la ciudad de Nueva York— se circunscribe apenas a una contratación por 151 millones de dólares, que supone el aditamento de unos 14,000 metros cuadrados de obra, que abarcarán un cómodo edificio de dos pisos, seis nuevos accesos de embarque y desembarque, área de operaciones, mejoras al sistema de transportación de maletas y demás renovaciones a la estructura existente de dicha ala. Sin embargo, el proyecto de ampliación incluye, además, un autolavado y una estación de servicio para autos de alquiler por 67 millones de dólares y el acondicionamiento del estacionamiento por 265 millones de dólares.

Erigido en 1956, el PDX es el aeropuerto más grande de Oregón, y concentra el 90% del tránsito comercial y más del 95% del flujo de carga de todo el estado. Dividido en cinco alas, las correspondientes a las A, B y C se ubican en su lado sur, mientras que las D y E se encuentran en lado norte, y ambos grupos de compartimientos se comunican a través de un paso elevado que se inauguró en 2005. Fue catalogado entre 2006 y 2008 por la revista Condé Nast Traveler como el aeropuerto con mayor tráfico comercial en Estados Unidos y son celebradas además sus iniciativas verdes, como el uso de paneles solares para el suministro energético interno. Con un total de 60 puertas, el ala D cuenta en la actualidad con 15 de ellas —número al que pronto se le sumarán seis nuevas—, y fue rebautizada con el nombre del exgobernador Victor G. Atiyeh, conocido por el impulso turístico y comercial que dio a Oregón durante su mandato.

En cuanto a Skanska, firma de construcción y desarrollos creada en 1887 por Rudolf Fredrik Berg, situada además en el puesto quinto de las compañías mundiales dedicadas a su ramo, ostenta cierta “experiencia” en las lides reconstructivas aeroportuarias. No en balde, el consorcio sueco fue elegido para ampliar la terminal B del concurrido aeropuerto de La Guardia, en Queens, Nueva York. A un costo de 4,000 millones de dólares, Skanska, junto a las firmas HOK y WSP|Parsons Brinckerhoff, deberá concebir la nueva terminal B, que deberá ser entregada en 2022.

Lo que también ostenta este nórdico consorcio, y no precisamente para su orgullo, son ciertos runrunes que lo ligan al lado oscuro de las negociaciones. En Argentina, por ejemplo, se le sigue caso por el delito de pago de sobornos para la adjudicación de obras públicas, que compromete seriamente a funcionarios del expresidente, fallecido, Néstor Kirchner; como parte de ese proceso judicial, el pasado mes de agosto, el auditor interno de Skanska Claudio Corizzo presentó ante la corte una conversación sostenida por el ex gerente comercial Javier Azcárate, donde admitía haber concretado esos fraudulentos pagos en pos de obtener la licitación para completar dos gasoductos. Asimismo, en junio de 2016, el Ministerio de Transparencia y Control de Brasil denunció que Skanka “formaba parte de un cártel que arreglaba los precios en los contratos con la estatal petrolera Petrobras”, y que pagó 890,000 dólares en sobornos a fin de conseguir un contrato por 386 millones de dólares para la conclusión de un oleoducto.

¿Habría espacio para agoreras dudas en cuanto a la naturaleza de esos contratos adquiridos por Skanska en suelo estadounidense? Quizás no. Pero, como reza un viejo refrán latinoamericano, “cuando el río suena, piedras trae”.

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