Otro tiroteo con numerosas víctimas en Estados Unidos

Otro tiroteo con numerosas víctimas en Estados Unidos

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María González Chaves- Sí, ha vuelto a pasar, de nuevo han muerto personas inocentes, 26 esta vez, en un tiroteo en Estados Unidos. ¿El responsable? Un joven de 26 años, identificado como Devin Patrick Kelley, que en la mañana del domingo irrumpió, vestido de negro y con chaleco antibalas, en la iglesia baptista de la pequeña localidad de Sutherland Springs, Texas, al suroeste de San Antonio, y empezó a disparar indiscriminadamente contra los feligreses que habían acudido al servicio religioso. Niños, una embarazada, ancianos, la propia hija del pastor, de 14 años… no hizo diferencias, disparó una y otra vez su rifle semiautomático Ruger Ar.

Mató a 26 (dos fuera del templo, 23 dentro y la última víctima murió en un centro médico), pero podían haber sido más —20 están heridas, de las cuales, diez se encuentran en estado crítico y cuatro en estado grave—. Un vecino de la zona, de nombre Johnnie Langendorff, oyó los disparos y se apresuró a sacar su propia arma (sí, él también tenía un arma) y a disparar contra Kelley, que fue alcanzado por dos proyectiles y huyó en su coche. En ese momento, Langendorff y otro vecino, Stephen Willeford, dieron comienzo a una persecución que acabó cuando la camioneta de Kelley chocó al dispararse este en la cabeza.

Por supuesto que podían haber sido más, o podría no haber habido ninguna si Kelley no hubiera tenido un rifle semiautomático. Pensar que sin un segundo hombre armado la masacre hubiera sido mayor no es en absoluto un consuelo ni mucho menos una justificación al problema de la posesión de armas de fuego en Estados Unidos. Como no lo es el hecho de que Kelley hubiera sido expulsado de las Fuerzas Aéreas, acusado de violencia doméstica y de maltrato animal.

Cada nueva masacre, cada nuevo tiroteo supone un nuevo récord. Este es el peor tiroteo de la historia de Texas; el anterior, el de Las Vegas, fue el de mayor número de víctimas mortales en la historia de Estados Unidos, y el de Orlando, y el de… Pero lo cierto es que, independientemente de estas “terribles matanzas”, cada día, en este país mueren muchas personas como consecuencia del uso de armas de fuego. Según datos recogidos por el periódico El País, cada año, 33,880 persona fallecen en Estados Unidos tras haber recibido un disparo, unas 93 al día.

Desde luego debería hacerles reflexionar a los que argumentan que las armas evitan males mayores y quizá así se dieran cuenta de que no, no los evitan, los provocan, ¿cómo explican si no los 35,5 homicidios con arma por millón de habitantes frente a los 4,9 de Canadá, por ejemplo? (Y cuando alguien ha intentado no ya prohibir su posesión, amparada en la propia Constitución, sino limitar su uso, se ha quedado ahí, en un intento). Se desconoce el número exacto de armas en manos de civiles, pero se calcula que unas nueve por cada diez. Si las opiniones no valen, las cifras hablan por sí mismas.

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