La lección que Kate Brown (y otros gobernadores) le está dando al presidente Trump en materia ambiental

La lección que Kate Brown (y otros gobernadores) le está dando al presidente Trump en materia ambiental

Foto: Office of the Governor (Oregon)

Foto: Office of the Governor (Oregon)

Francisco Machalskys- Mientras usted lee estas líneas, en la ciudad alemana de Bonn se viene desarrollando la vigésima tercera conferencia sobre cambio climático impulsada por la Organización de Naciones Unidas (ONU). Según la revista financiera Forbes, esta sería la primera reunión en torno a esta problemática ambiental en la que no participa Estados Unidos desde que el presidente Donald Trump anunciara su retiro —polémico por demás— del Acuerdo de París.

A pesar de tan agorera acotación, el periódico The Washington Post asegura que de la gran Unión americana, empero, partieron a dicho encuentro dos delegaciones en representación: una “oficial”, compuesta por diplomáticos de carrera pertenecientes al Departamento de Estado y a la Agencia de Protección Ambiental gubernamental (EPA, por sus siglas en inglés) con la misión de mostrar cómo los recursos energéticos estadounidenses pueden destinarse a la dotación eléctrica en países necesitados, y otra “no oficial”, compuesta por 2,500 filántropos, industriales de tendencia ecologista y políticos liberales, que se hace llamar “los que seguimos luchando” (We Are Still In), con el mensaje de que un equilibrio entre producción y resguardo ambiental no solo es posible, sino imprescindible.

En esta segunda comitiva, incómoda y clandestina a los ojos de la posición oficial, se cuenta la gobernadora de Oregón, Kate Brown. Una política rebelde e innovadora, que ostenta el título de ser la primera persona abiertamente bisexual en ser elegida para un cargo público en toda la historia estadounidense, así como la segunda mujer en regir los destinos políticos de este estado, después de Barbara Roberts.

Kate Brown asiste a esta conferencia como voz de choque a la posición de descompromiso ambiental fijada por el presidente Trump como pretendida política de Estado, que además no cuenta con el respaldo de la mayoría estadounidense al respecto. Brown acompaña a los también disidentes gobernadores Jerry Brown de California, Jay Inslee de Washington y Terry McAuliffe de Virginia. Juntos conforman la Alianza Climática Americana, unión de naturaleza bipartidista —en la que participan activistas demócratas y republicanos por igual— creada en junio de este año luego de que Trump hiciera efectivo el retiro del país del Tratado de París, y que reúne a quince estados de la Unión —que suman 116 millones de personas— deseosos de materializar medidas que contribuyan a la reducción del llamado efecto invernadero.

Resulta más que interesante resaltar que, tras confirmar su asistencia y activa participación en la presente conferencia, Kate Brown firmó dos contundentes acuerdos destinados a dirigir al estado de Oregón hacia la eficiencia energética, acelerar la emisión cero de gases vehiculares y hacer efectivas las medidas para reducir el efecto invernadero sin que represente un desmedro económico.

“Queremos demostrar que en Oregón, el desarrollo económico y la conciencia ambientalista no son categorías antagónicas”, aseguró la gobernadora. “El Acuerdo de París es la mejor oportunidad que tenemos para crear puestos de trabajo, promover negocios, apostar por la innovación y mantener la competitividad estadounidense de cara a una economía del siglo XXI”, apuntó, a manera de desafío.

Por supuesto que no es una tarea fácil, como no lo han sido parte de sus decisiones de gobierno, muchas de carácter progresista y no siempre bien acogidas desde los sectores de mayor influencia económica. Como ser artífice del mayor aumento del salario mínimo estatal, la defensa al pago salarial durante reposo médico, la estricta evaluación de las compras de armas por parte de ciudadanos comunes, la prohibición a las agencias estadales de colaborar en la detención de personas indocumentadas y la obligatoriedad de brindar cobertura médica a toda la población infantil del estado, entre otras.

Con esa misma vehemencia que pone en la defensa del bienestar común, Brown ha manifestado su rechazo al desprecio de políticas ambientalistas en aras del crecimiento económico adoptado por el presidente Trump como bandera. Ya por los tempranos días de marzo se pronunció, junto al gobernador de Washington, Jay Inslee, en contra de una resolución aprobada por el Gobierno federal que alentaría la explotación en la Reserva de Puget, con afectación inminente sobre las poblaciones protegidas de salmones y ballenas orca. Por la misma fecha, ambos mandatarios regionales lanzaron sus primeros llamados a hacer esfuerzos por introducir formas de “energía limpia” y reducir las emisiones de gases.

En tal sentido, Kate Brown ha sido muy frontal cuando afirma que “la administración Trump está coartando el papel de Estados Unidos como líder global en la lucha contra el cambio climático, abandonando además a sus Gobiernos regionales a su suerte, lo que ha acarreado consecuencias ambientales. La participación en el Acuerdo de París implica movernos hacia una economía sostenible, que impulse nuevos puestos de trabajo al tiempo que reduce sus emisiones de carbono. Y el reto es prepararnos para esa economía limpia, no huir de ella”.

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