Revive Estados Unidos pesadilla de escándalos sexuales en la política

Revive Estados Unidos pesadilla de escándalos sexuales en la política

Foto: Greg Nash

Foto: Greg Nash

Francisco Machalskys- Parece que fue apenas ayer cuando la gran Unión americana
—y el mundo entero, por la influencia mediática global— estuvo en vilo día tras día mientras Bill Clinton, su cuadragésimo segundo presidente, fuera sometido a juicio público por mantener relaciones extramaritales con la expasante de la Casa Blanca Monica Lewinsky. Aún retumba en el recuerdo aquel lapidario “I did not have sexual relations with that woman” pronunciado por Clinton sin cortapisas, solo para verlo días después reconocer que había mentido, y admitir su (bochornosa) responsabilidad.

El oprobio redivivo de aquel suceso sacude nuevamente a la sociedad estadounidense, solo que esta vez de manera masiva y materializando un escalofriante efecto dominó que amenaza con no dejar hueso sano en las filas republicanas y demócratas por igual, de las cuales ha saltado una lista considerable de congresistas, legisladores y hasta
expresidentes —hombres en su totalidad— acusados de incurrir en comportamiento sexual abusivo, perpetrado desde la trinchera de sus posiciones de poder.

La violencia machista recorre Hollywood y la Casa Blanca

Haciendo honor a la masticadísima frase “la realidad supera a la ficción”, el epicentro de este sismo moral se sitúa en la propia meca de los sueños americana cuando, hace un mes, el productor de cine Harvey Weinstein vio cómo su prestigiosa carrera empezó a desmoronarse a pasos agigantados cuando dos mujeres periodistas se atrevieron a denunciarlo en The New York Times por una oscura trayectoria de acoso sexual a actrices, asistentes de producción y demás empleadas hollywoodenses por espacio de tres décadas.

Cual catalizador, este atrevimiento inicial motivó a más y más féminas acosadas de diferentes formas por este personaje a exponer su propia historia de atropello, materializando no solo su despido en los círculos fílmicos y de la propia Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, sino que además suscitó investigaciones en torno a poderosos hombres de distintos ámbitos de influencia alrededor del mundo.

Uno de los primeros nombres en materia política que vio salpicarse tras el efecto Weinstein fue, nada más y nada menos, que el de George Bush padre. Según la actriz Heather Lind, hoy de 34 años, el expresidente habría incurrido en conducta sexual inapropiada durante la promoción de la serie Turn: Washington Spies. Lind relató: “Bush estaba en silla de ruedas. No me dio la mano, sino que por detrás me tocó; estada presente su esposa, Barbara. Me contó un chiste sucio y luego, durante la foto grupal, volvió a tocarme indebidamente”.

De esta denuncia, lanzada por Heather Lind a través de su cuenta Twitter, se hizo eco en el diario Daily Mail, lo que generó una pronta contesta de disculpa por parte del exmandatario. Pero la caída de fichas en el mundo político por causas morales no ha hecho más que empezar, al parecer. El segundo más sonado en la lista es el juez ultraconservador Roy Moore, aspirante republicano al senado. Favorito para llenar el escaño correspondiente al estado de Alabama que dejara Jeff Session, sus aspiraciones podrían terminar luego de que Leigh Corfman, hoy de 53 años, asegurara que Moore abusó de ella en repetidas ocasiones, cuando ella tenía 14 años y él, 32, “aunque no hubo penetración”, apuntó. Asimismo, se pronunciaron otras tres mujeres. Aunque Moore niega los hechos, achacándolos a una campaña sucia orquestada por el partido demócrata para acabar con su carrera, varios líderes de su partido le han exigido retirar su candidatura.

Otro republicano en la mira es el senador de Florida Jack Latvala, sobre quien pesan fuertes acusaciones por hostigamiento sexual hechas por varias mujeres a la publicación Político Florida, quienes se negaron a revelar su identidad. “Mientras Jack Latvala pueda controlar un presupuesto de 83,000 millones de dólares, las víctimas tendrán miedo de darse a conocer”, dijo Tiffany Cruz, abogada de Tallahassee que presentó una queja a nombre de un miembro del personal que permanece en el anonimato.

Eso no significa, vale aclarar, que las cosas estén del lado demócrata. El congresista por el estado de Michigan John Conyers se ha visto últimamente en apuros a la luz de una publicación hecha por el portal BuzzFeed, en el que se asegura que el máximo representante demócrata de la Cámara Baja habría llegado a un acuerdo monetario con una exempleada a la que, al parecer, despidió por negarse a ofrecerle favores deshonrosos. El sitio web afirma, además, que exempleados “habrían visto a Conyers tocar indebidamente a varias mujeres de su personal a cargo”.

A esta lista se suma el legislador de origen hispano Raúl Bocanegra, representante por el Distrito 39 en el Valle de San Fernando, que ha recibido recientemente las acusaciones de seis mujeres por incitaciones subidas de tono hechas en 2009, cuando trabajaba como jefe de personal para el representante de la Asamblea Felipe Fuentes.

La justicia femenina se hace sentir

Si algún balance positivo puede hacerse en torno a esta ola de escándalos sexuales en la arena política es saber que, afortunadamente, el mundo ha evolucionado en materia de derechos femeninos en los últimos veinte años.

Si Bill Clinton y Andrew Johnson —presidente décimo séptimo de Estados Unidos— lograron salir ilesos de sus respectivos juicios por conducta sexual pasada de límite, los nuevos imputados por el efecto Weinstein parecen destinados a pagar las consecuencias de sus actos.

El senador Jack Latvala, por ejemplo, anunció recientemente su renuncia temporal como jefe del Comité Presupuestario del Senado mientras se completa la investigación que se está llevando a cabo sobre las acusaciones hechas por seis mujeres que reportaron haber sido ofendidas por su comportamiento, aun cuando insiste que ello “nunca ocurrió”.

Otro tanto se ha visto obligado a hacer Raúl Bocanegra, quien puso su cargo a la orden y además ha renunciado a su campaña de reelección. A diferencia de Latvala, Bocanegra no negó las denuncias, e incluso expresó a través de un comunicado que acepta la “responsabilidad” de sus acciones.

Similar posición le tocó asumir a Stephen Bittel, presidente del Partido Demócrata en Florida, quien dimitió de sus cargos políticos tras ser denunciado por conducta sexual inapropiada. Pese a ser acusado de hacer comentarios denigrantes sobre la corporeidad femenina, o de portar fetiches de naturaleza machista, como una pelota antiestrés en forma de seno, Bittel declaró cínicamente que renunciaba porque su actual situación “se ha vuelto una distracción para la misión central de elegir a los demócratas y mejorar Florida”.

En tal sentido, resulta muy valiosa la declaración hecha por la actriz Heather Lind tras hacer pública su denuncia en contra del exmandatario George Bush padre: “Me consuela saber que yo también puedo usar mi poder, que no es tan diferente de un presidente realmente. Puedo representar un cambio positivo. De hecho, puedo ayudar a la gente. Puedo ser un símbolo de mi democracia. Puedo negarme a llamarlo presidente y acusar otros abusos de poder cuando los veo”.

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