Trump y el ‘Rusiagate’ en ciernes: ¿está el presidente a las puertas de un ‘impeachment’?

Trump y el ‘Rusiagate’ en ciernes: ¿está el presidente a las puertas de un ‘impeachment’?

Foto: Gage Skidmore

Foto: Gage Skidmore

Francisco Machalskys- Momentos de tensión corren para toda la nación estadounidense, y en especial para el cuadragésimo quinto presidente de la Unión, cuando los avances en la investigación sobrellevados por el exjefe del FBI Robert Mueller, para determinar una posible injerencia del Gobierno ruso con el fin de influir en los resultados de las pasadas elecciones presidenciales, parecen apuntar a que habría sido Donald Trump y no Hillary Clinton la persona culpable del delito de colusión, pese a los vanos intentos del expresentador de The Apprentice por demostrar todo lo contrario.

Los avances de esta pesquisa dieron esta semana sus resultados más contundentes desde que Mueller asumió la investigación el pasado mes de mayo. Así, hace apenas cinco días un gran jurado de Washington dictó su primer veredicto en torno a este caso, al recaer en una primera fase la culpabilidad en la persona de Paul Manafort, ex jefe de campaña de Donald Trump, y de Rick Gates, principal financista de esta.

Contra Manafort y Gates se dictaron doce graves cargos judiciales, entre los que destacan la conspiración contra Estados Unidos, intento de lavar dinero y el no registro como agentes de un país extranjero. Manafort, por su parte, fue sentenciado a cumplir arresto domiciliario mientras la investigación sige su curso.

Llama la atención, sin embargo, que Manafort y Gates se entregaran voluntariamente a las autoridades, al tiempo que el primero protagonizó toda una campaña de denuncia en torno a lo que hizo llamar “acoso sistematizado” contra su persona, luego de que acusara al FBI de pinchar su línea telefónica. Asimismo, su residencia fue allanada el pasado mes de julio, bajo la acusación de que mantenía en su poder evidencias que no había consignado —debe  recordarse que fue interrogado por su reunión en 2016 con una abogada rusa en la propia Trump Tower como parte de un intento del Gobierno de Putin por colaborar con el ascenso presidencial de Trump—. De hecho, la policía se hizo con ciertos documentos como parte de esa operación.

Como si fuera poco, no ayuda mucho a la causa del ex hombre fuerte de Trump el saberse que dos años atrás recibió pagos por más de diecisiete millones de dólares cuando prestaba servicios para el partido profederación rusa que controlaba el Gobierno ucraniano, por lo que ahora es imputado. De igual forma, busca comprobarse su vinculación real con la ola de señalamientos realizados por Wikileaks, mostrando correos electrónicos de la entonces candidata Hillary Clinton que supuestamente mostraban “coqueteos” con el Gobierno ruso en busca de impulsar su victoria presidencial.

A todas estas, el presidente Trump se ha mantenido al margen, conservando un mutismo impropio de su estilo, aunque vociferando —como ya nos tiene acostumbrados— a través de su cuenta Twitter, desde donde viene calificando esta investigación de “cacería de brujas”, e insiste en que se “haga algo” contra los delitos que, según él, cometió Hillary Clinton durante su carrera a la presidencia.

Lo que parece olvidar el presidente Trump, o pretende hacer olvidar, es que la espiral de contradicciones con respecto a este caso empezó a escasos días de su investidura presidencial, el 13 de febrero, cuando Michael Flynn dimitió como consejero de Seguridad Nacional por no haber dicho la verdad al vicepresidente Mike Pence sobre una reunión con el embajador ruso. Tres meses después, despidió sin vuelta de hoja al director del FBI James Comley, argumentando que el buró de inteligencia había perdido la confianza en él; para perplejidad de todos, el FBI calificó el despido de Comley de “intento de injerencia en la investigación del caso ruso”. Para postre, la prensa publicó días después que Trump había exigido a Comley “lealtad y honestidad”, y este, en respuesta, le prometió “solo honestidad”, suscitando su ya famoso ataque contra la prensa libre.

Aunque el presidente Vladímir Putin ha prometido entregar una transcripción de todo lo que su equipo ha conversado con el Gobierno estadounidense para probar que no ha habido intercambio de secretos y de información clasificada, para muchos esta situación se asemeja peligrosamente a aquella que le costó el cargo al presidente Richard Nixon. En tal sentido, los abogados de la Casa Blanca se vienen preparando para lo que parece un posible impeachment, aunque aseguran que aún se vislumbra como remoto… ¿será que le tocará a Trump experimentar el escalofrío que él mismo hacía sentir a tantos pasantes durante su exitosísimo reality show, cuando les gritaba descarnadamente “¡Estás despedido!”?

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