El empeño del presidente Trump en hacer de la frontera un muro de contención

 Foto: ICE/DHS

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Francisco Machalskys- El menú está servido en lo que al muro fronterizo entre Estados Unidos y México —promesa electoral del presidente Donald Trump— respecta.

Y la expresión, pintoresca como suena, no es para nada una exageración: como si de la carta de un restaurante se tratase, en un polvoriento rincón de Otay Mesa, California, al este de la mexicana población de Tijuana, se levantan ocho prototipos del que será finalmente el muro fronterizo de Estados Unidos. Asimismo, seis contratistas se disputan el privilegio —económico, se entiende— de materializar la que según el cuadrágesimo quinto presidente de la Unión americana sería “la solución final” en materia de inmigración ilegal.

Los medios no han especificado de qué manera se elegiría el modelo de muralla en cuestión, cuya construcción dio inicio el pasado 26 de septiembre. Pero el presidente Trump, fiel a su rocambolesco estilo, ha insistido públicamente en que el resultado final debería ser “hermoso” —una obra de arte, pues—, agregando que “sus constructores pondrán cuidado en los detalles estéticos”.

Y que no se equivoque nadie, ni salte en conclusiones apresuradas, hay para todos los gustos —y bolsillos, cabría agregar—: cuatro de los diseños fueron concebidos para ser erigidos en hormigón, mientras el resto incluye el uso de materiales alternativos, que incluye acero galvanizado y otros de interés arquitectónico.

Quien no parece muy entusiasmado con esta gama de alternativas, sean asequibles o no, es el Congreso de la nación, que se muestra reacio a asumir los 21,600 millones de dólares que se estiman necesarios para su levantamiento, y que México parece no tener intención de pagarlos, como el presidente Trump prometió inicialmente. Aun cuando la Cámara de Representantes aprobó recientemente una partida de 1,600 millones de dólares para dicha construcción, el Senado aún la retiene en su poder, dudando en su respuesta afirmativa.

Igualmente, la Casa Blanca no ha hecho un anuncio oficial en torno a cuál sería el diseño elegido, ni el modo en el que se realizaría —si acaso se hará a través de una encuesta popular o algo parecido—.

Canadá también comparte frontera con Estados Unidos… ¿Y entonces?

Robert Nault, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de los Comunes de Canadá, ha sido muy categórico al calificar la iniciativa del presidente Trump de “ridícula”. Y así lo expresó durante una conferencia de prensa sostenida con los integrantes de la Comisión de Relaciones Exteriores de México, donde se discutía precisamente una posible ruptura del Tratado de Libre Comercio de América del Norte ante las presiones ejercidas por el presidente Trump. “El muro es una idea bastante ridícula, nosotros también en Canadá tenemos una frontera muy larga con Estados Unidos, tenemos asuntos de inmigración ilegal y ese tipo de problemas, pero un muro no resolverá la situación; la única manera de resolverla es sentarse con otros países y desarrollar protocolos para encontrar soluciones; y con esto quiero decir soluciones duraderas”, señaló.

Para quienes no lo sepan, la llegada de Trump a la presidencia ha traído consecuencias migratorias a la vecina nación canadiense.

Hemmingford, poblado quebequense a setenta kilómetros de Montreal, comparte frontera con Mooers, estado de Nueva York. Desde la investidura de Donald Trump como jefe de Estado, cientos de personas cruzan la línea divisoria con destino al país de la hoja de arce. La mayor parte son ciudadanos somalíes, yemenitas, sirios, sudaneses y de otras naciones de mayoría islámica, las mismas a las que Trump ordenó imponer un veto migratorio.

Otros puntos de cruce ilegal desde Estado Unidos hacia Canadá se han detectado en la Columbia Británica y Manitoba. Por su parte, al Consejo Canadiense para los Refugiados no le ha quedado más que vislumbrar un posible pero real aumento de este flujo humano irregular “conforme Trump vaya poniendo en marcha sus políticas migratorias”.

Y estas continúan. Al parecer, casi sin importar si el Congreso las aprueba o no. Quién sabe si Canadá será la que nos sorprenda con un gran parapeto en la frontera estadounidense. Quién sabe.