¿Dónde están los escolares de Oregón? Cuando faltar a clases se convierte en problema de Estado

¿Dónde están los escolares de Oregón? Cuando faltar a clases se convierte en problema de Estado

Foto: Brett Levin

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Francisco Machalskys- “Hacerse la rata” le dicen en Argentina; “darse a la pea”, en Perú. Para los mexicanos es “irse de pinta”; “comer jobos”, en Puerto Rico, y “jubilarse”, en Venezuela… Variopintas expresiones pululan en Latinoamérica para referirse a la práctica de faltar a clases injustificadamente; una problemática generalizada que, en su globalidad, se conoce como ausentismo escolar.

Aunque la totalidad de las frases arriba citadas expresa el lado jocoso del asunto, lo cierto es que este no tiene nada de gracioso. En especial para Oregón, que lamentablemente ocupa el cuarto lugar entre los estados donde los alumnos se ausentan un mayor número de días escolares entre cuarto y octavo grado, por debajo de Oklahoma, Nuevo México y Montana, según los resultados de un estudio realizado por la organización nacional promejoras educativas Attendance Works.

En palabras de las propias autoridades educativas de Oregón, se considera como ausentismo crónico la inasistencia a un 11% del calendario escolar. Pues bien, las estadísticas revelan que durante el periodo 2015-2016 al menos un 15% del estudiantado —alumnos de primaria y secundaria— no completó el 19% de la asistencia; y el año pasado, la tasa de clases “saltadas” creció un punto porcentual.

Algún que otro pupitre vacío en un aula y otra quizás pasen desapercibidos en el correr de los días, pero el ausentismo escolar registrado en Oregón equivale al 24% del total computado en todo Estados Unidos. Y, por supuesto, las consecuencias de esta falta se hacen sentir paulatinamente y cuando ya es demasiado tarde. Así, algunas encuestas revelan que apenas el 69% del alumnado de Oregón recibió su diploma de Bachillerato en los últimos cuatro años.

Como siempre, este tipo de problemas sociales que se hacen tendencia terminan afectando en su mayoría a los jóvenes de sectores más vulnerables. En el caso de Oregón, por ejemplo, los circuitos escolares con mayor incidencia de ausentismo se concentran en las zonas rurales —como el noreste y centro del estado, así como en el distrito de North Lake— y en las áreas urbanas económicamente deprimidas —como en los casos de la ciudad de Redmond, del condado de Lincoln y del distrito escolar de Salem-Keizer, mientras que en Portland destacan los condados de Multnomah, Centennial, Reynolds y Parkrose—.

Y no se trata de un problema de capacidades o de falta de voluntad de los jóvenes educandos, como apunta Mark Everett, director de la preparatoria Banks High: “En mi primer año me propuse ayudar a aquellos alumnos carentes de calificación para graduarse, y la mayoría no lo logró. Y no fue por falta de inteligencia: es que sencillamente no tenían las herramientas, justo por faltar tanto a clase”. Everett reconoció que en el plantel que dirige se registra “cierta indiferencia” ante el tema del ausentismo escolar, que no tuvo éxito al intentar cambiarlo el año pasado.

Con miras a erradicar esta creciente problemática, la gobernadora Kate Brown designó el año pasado a Colt Gill, quien fuera superintendente del distrito escolar de Bethel, como responsable de la Oficina de Innovación Educativa del estado. Gill dedicó los primeros cinco meses de gestión a “observar y aprender” todo lo concerniente a este fenómeno antes de anunciar algún plan puntual, a concebirse entre la oficina que encabeza y el Departamento de Educación estadal. En todo caso, se ha hecho público que, una vez se conozca la propuesta, será respaldada con un aporte de 7.4 millones de dólares.

Sin embargo, y como Mark Everett advirtió, el éxito total en aras de disminuir este problema debe partir de la propia comunidad de docentes y directivos que conducen los planteles educativos. Un ejemplo digno de mencionar lo encarnan las escuelas primarias pertenecientes a la ciudad de McMinnville, que registra un 60% de población con limitaciones económicas y un tercio lo compone un sector latino, cuyos niños hablan en la escuela el idioma inglés como segunda lengua. Allí, en las escuelas de McMinnville, se presta atención individual al alumnado y se ofrecen facilidades, como cursos de verano totalmente gratis para reforzar los conocimientos impartidos a lo largo del año, con miras a fortalecer la participación estudiantil durante el curso siguiente, entre otros programas. ¿El resultado? Sus puntajes de rendimiento escolar superan hasta en veinte tantos los de los principales distritos de Portland.

“Somos más que conscientes de las características particulares de McMinnville”, explica Kourtney Ferrua, directora de la escuela primaria Wascher. “¿Pero qué estrategia educativa se adapta mejor a cada estudiante en particular, a cada situación particular? Solo la de enseñar con intención todo el día, todos los días”, completó.

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