En entredicho los subsidios al Obamacare

En entredicho los subsidios al Obamacare

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Arturo Olmedo Díaz- Como era de esperarse, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no tiene la menor intención de que la reforma al sistema de salud impulsada durante la administración de Barack Obama se mantenga y, mucho menos, de que se aproxime al puerto del proceso electoral de 2020, que es lo que sucedería en caso de que fuera discutido y votado favorablemente en el Congreso un acuerdo anunciado el 17 de octubre por los senadores Lamar Alexander (republicano) y Patty Murray (demócrata), que prevé restablecer los subsidios que posibilitan el acceso a coberturas de seguros a los ciudadanos de bajos recursos, y cuya eliminación había sido anunciada por la Casa Blanca la noche del jueves 12 de octubre.

La historia, claro está, viene desde la campaña presidencial de 2016, cuando el entonces candidato republicano anunció, en Filadelfia, que acabaría con la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible (Patient Protection and Affordable Care Act, PPACA), conocida como Obamacare, al considerar que únicamente con su remplazo “podría evitarse la destrucción de la atención medica en Estados Unidos”.

Desde entonces y tras su arribo al poder el 20 de enero de 2017, el jefe del Ejecutivo estadounidense ha buscado quebrantar el Obamacare por todos los medios que le han sido posibles; entre ellos, las reducciones tanto del plazo de inscripción para 2018 (que pasó de doce a seis semanas), como del 90% del presupuesto de publicidad (dejándolo en solo 10 millones de dólares), de modo que el periodo para inscribirse (que inicia el 1 de noviembre) pase desapercibido a consecuencia de la baja publicidad. También puede contarse el haber eliminado información —según informó The New York Times— del sitio del Departamento de Salud y Servicios Sociales (Health and Human Services, HHS) respecto de la manera en que las personas pueden estructurar sus planes de salud.

Pero el ataque frontal del presidente Trump contra el Obamacare, como ya se anticipó, tuvo lugar el jueves 12 de octubre, cuando tomó la decisión de eliminar los 7,000 millones de dólares en subsidios federales que el Gobierno entrega al año a las aseguradoras, cuyo propósito es que los ciudadanos más pobres reduzcan sus gastos, lo que repercutirá en que las aseguradoras financien el retiro del subsidio incrementando un 20% las primas de salud para 2018 y un 25% hacia 2020, de acuerdo con lo estimado por la Oficina de Presupuesto del Congreso. De manera adicional, el presidente había firmado, ese mismo día, una orden ejecutiva para favorecer la disponibilidad de planes de salud que resultan tan económicos como incompletos, pues difícilmente cumplirán con los beneficios básicos estipulados en el Obamacare, como son la cobertura de maternidad, prevención de enfermedades, medicamentos por prescripción o problemas de salud mental.

Ante estas medidas, el 17 de octubre, el senador republicano por Tennessee, Lamar Alexander, presidente además del Comité de Salud del Senado, y la senadora demócrata por Washington, Patty Murray, anunciaron que habían alcanzado un acuerdo bipartidista para restablecer por dos años los subsidios federales que contribuyen al pago de las coberturas de los ciudadanos más pobres. Según lo pactado por los senadores, se restauran los fondos para promover la inscripción al programa, debiéndose gastar 106 millones de dólares durante los dos años de prórroga previstos y, buscando estar en sintonía con la orden ejecutiva firmada por Trump, los estados gozarían de mayor libertad para ofrecer variedad de coberturas, pero eso sí, sin dejar de lado los beneficios básicos y evitando la discriminación de personas con enfermedades preexistentes, como se contempla en el Obamacare.

Para sorpresa de muchos, la reacción de Donald Trump ante la iniciativa fue relativamente favorable, pues expresó que era una buena solución, “aunque a corto plazo”. Así, cuando muchos daban por descontado que la ley sanitaria continuaría durante al menos dos años, al siguiente día por la mañana el presidente se desdijo a través de un mensaje que publicó en Twitter: “Apoyo a Lamar como persona y también el proceso, pero nunca podré apoyar el rescate a aseguradoras que han hecho una fortuna con el Obamacare”.

A nadie debe sorprender el repentino cambio de señal y de ánimo del mandatario estadounidense, pues no hay duda que es el signo que lo caracteriza; sin embargo, cabe especular que seguramente se percató de que para cuando concluyera el acuerdo bipartidista, ya la nación estaría inmersa en el proceso sucesorio presidencial y, una vez allá, cualquier equívoco podría significar la pérdida de un número significativo de votos a lo largo y ancho de Estados Unidos.

Más allá de la postura presidencial, el legislador republicano Lamar Alexander afirmó que, de una u otra manera, el acuerdo bipartidista sería aprobado hacia finales de año, pues con él se evitará el caos, y cuando expresa tales palabras sabe de qué está hablando, ya que al menos veinte estados de la Unión han anunciado que demandarán al presidente por el recorte de los subsidios, además de reprocharle haber saboteado la ley de salud vigente sin tener una alternativa que la reemplace.

En un contexto como el descrito hasta aquí, lo que cabe esperar es que el presidente prosiga con su propósito de ponerle fin al Obamacare, pero para lograrlo tendrá que apurarse para presentar un remplazo de la ley que le resulte convincente al Congreso, pues los tiempos le pueden jugar la contra; sobre todo porque podría prosperar la demanda emprendida por los Gobiernos de los estados, o bien las aseguradoras también podrían demandarlo y, eventualmente, ganarle; o quizás efectivamente avance el acuerdo bipartidista (Alexander-Murray) en el Congreso, o incluso podrían conjuntarse todas las opciones, con lo que el Gobierno de Donald Trump se vería obligado a abrirse a nuevas posibilidades y, quizás, a realizar nada más cambios cosméticos (así fueran únicamente en el nombre de la ley o en el ajuste de los requisitos) para no dejar incumplida su promesa de campaña de echar abajo el plan de salud de Barack Obama. Habrá que mantenerse atentos.

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