2018: el año en el que necesitarás un pasaporte para viajar dentro de tu propio país

 Foto: Lena LeRay, Creative Commons (CC BY-NC-SA 2.0)

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Francisco Machalskys- Este parece el titular de alguna publicación sensacionalista o un post de broma que se sube en el muro de Facebook cada April Fools’ Day. Pero no: lamentablemente, será una molesta realidad para los habitantes de nueve estados a partir del próximo 22 de enero de 2018.

Desde ese momento, los residentes de Kentucky, Maine, Minnesota, Missouri, Montana, Oklahoma, Pennsylvania, Carolina del Sur y Washington deberán presentar algo más que la licencia de conducir o la ID estatal para acceder a cualquier vuelo nacional, por más cercano que sea.

La medida, circunscrita en la vigente Ley de Identificación Verdadera (Real ID Act) y que regula la Administración para la Seguridad del Transporte (TSA, por sus siglas en inglés, una dependencia del Departamento de Seguridad Territorial estadounidense) ya viene siendo informada a través de anuncios claramente visibles en los estands aeroportuarios a nivel nacional, con la idea de que los viajeros involucrados tomen sus precauciones con tiempo.

Pasaporte o ID especial: aún por decidir

Cabe destacar que este anuncio hace simplemente la salvedad de la futura exigencia de un documento identitario por encima de los hasta ahora requeridos. Así, no se ha establecido aún si la norma será solicitar a los viajeros el pasaporte estadounidense
—que no todos los ciudadanos poseen— o una ID de viaje especial aprobada por la propia TSA.

Esta nueva exigencia responde a una observación de la TSA, que señala que apenas la mitad de los estados emite documentos de identidad a prueba de falsificaciones. En consecuencia, recomienda el uso de formas alternativas de identificación, como algún carné militar o cédula de residencia permanente.

En respuesta, algunos estados ya están trabajando en la emisión de alguna ID de aceptación federal que dispense la necesidad de solicitar y acarrear el pasaporte nacional. Asimismo, estados como Idaho, Illinois, Luisiana, Massachusetts, Michigan, New Hampshire, New Jersey, New York, Carolina del Norte, Dakota del Norte, Rhode Island y Texas han negociado extensiones de la licencia de conducir como documento válido que poder presentar en los aeropuertos hasta este 10 de octubre.

En todo caso, si usted es habitante de alguno de los estados que han adoptado la medida, lo recomendable es que se dirija a la dependencia de Gobierno local más cercana y corrobore si su dependencia extenderá alguna ID de viaje especial o si deberá, por el contrario, hacerse de un pasaporte nacional antes del 22 de enero 2018. 

Cuando éramos felices e indocumentados

Hasta hace apenas dieciséis años, para una persona estadounidense era impensable portar un documento para movilizarse dentro de su propio país, conocido mundialmente como la tierra de la libertad. Se podía, incluso, llegar a la terminal aeroportuaria hasta media hora antes de partir el vuelo, y los familiares podían despedirlo a uno en la propia puerta de embarque. Sin mencionar que se podía viajar con cortaúñas o sacacejas, entre otros adminículos de inocente uso doméstico, sin que ello supusiera una acusación por terrorismo.

Todo eso acabó el fatídico 11 de septiembre de 2001. Poco tiempo después de aquel atentado terrorista —el primero de tal magnitud perpetrado en suelo estadounidense— nació la implacable TSA, firmada en el centenario séptimo Congreso de la Unión y refrendada el 19 de noviembre, con la misión de evitar actos similares en el futuro. Así, se hicieron corrientes los tediosos controles de vuelo, que implican la llegada al aeropuerto entre una y dos horas previas al viaje, el despojo de calzado y abrigo antes del escáner de seguridad, así como la prohibición de acarrear aerosoles e instrumentos de cuidado personal como parte del equipaje manual, entre otras.

Y la medida, empero, fue más allá.

Así, a tres años y siete meses del 11-S, el Congreso aprobó la Ley de Identificación Verdadera, o Real ID Act, que establece que toda aquella persona estadounidense nacida después del 1 de diciembre de 1964 estaría obligada a obtener un documento de identidad nacional como vía para enfrentar la infiltración de agentes terroristas. Uno de los motivos que suscitó este cuerpo legal fue el hecho de que Hani Hanjour, uno de los pilotos involucrados en el 11-S, contaba al momento de su captura con tres licencias de conducir expedidas por tres estados diferentes.

Aunque aprobada, esta disposición legal se ha mantenido refrenada y ha sido debatida ferozmente entre simpatizantes y adversarios, atrincherados en la interpretación particular del tema de la libertad personal y la privacidad, amparados por la propia constitución estadounidense. Por antonomasia, los sobrinos y sobrinas del viejo Tío Sam se han resistido con orgullo a la obligatoriedad de poseer un carné identitario.

Lo más cercano a ello es la asignación del llamado Número de Seguro Social (SSN, por sus siglas en inglés) creado en noviembre de 1935 al amparo del histórico New Deal impulsado por el presidente Franklin D. Roosevelt como paliativo a la tristemente célebre Gran Depresión económica. Sin embargo, su función tiene fines más bien de orden socioeconómico que de control estadístico o legal; de hecho, su requerimiento no es necesario como elemento sine qua non para la firma de contratos o la apertura de cuentas bancarias, entre otras transacciones.

No en balde, Estados Unidos es, junto a Andorra, Australia, Canadá, Dinamarca, Inglaterra y Japón, una de las naciones que, hasta la fecha, se jactaba de no contar con un carné de identidad obligatorio por ley. Sin embargo, esta reciente disposición de la TSA despierta una vez más el fantasma del control poblacional, que peligrosamente pareciera ajustarse a la obsesión antinmigratoria mostrada por el actual presidente Donald Trump.

Como suele ocurrir en estos casos, voces adversas muestran el lado perverso de los controles a ultranza. Steve Bullock, gobernador de Montana, advirtió que su estado “no quiere, o no necesita, una ID única, si eso significa un innecesario suministro de información privada a las agencias federales”. Otro tanto argumentó Matt Bevin, gobernador de Kentucky, quien en abril introdujo un veto a esta disposición, agregando que “existe claramente una tremenda oposición a la misma por su poca claridad”.

Quedará, pues, en manos del ejercicio democrático que la ciudadanía estadounidense exprese sin cortapisas su opinión al respecto… aunque el reloj continúa su incesante tic tac con rumbo a 2020, fecha en la que entrarían en pleno las disposiciones de la TSA, según reza en su portal web.

NacionalTilde Communications, LLC