En los hombros de los mexicanos, la industria agrícola de Carolina del Norte

En los hombros de los mexicanos, la industria agrícola de Carolina del Norte

Foto: Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, Creative Commons (CC BY 2.0)

Foto: Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, Creative Commons (CC BY 2.0)

 Arturo Olmedo Díaz- Aunque no hay cifras exactas, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos estima que cada año el país requiere de 1,300,000 trabajadores agrícolas, principalmente en los estados de California, Texas, Washington, Florida, Oregón y Carolina del Norte. Sin embargo, únicamente el 10% de esos trabajadores tienen visas de trabajo temporal (H2A). Lo ideal sería que, al menos, fueran el 50%, toda vez que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Trabajadores Agrícolas (2005), el 53% de ellos son indocumentados, el 25% son ciudadanos estadounidenses y el 21% son residentes permanentes autorizados (en todos los casos, la gran mayoría de ellos son mexicanos de nacimiento o hijos de mexicanos). Pero el incremento en el número de permisos se sigue negando, con el objetivo de —supuestamente— no desplazar la mano de obra estadounidense.

Por esta misma razón y bajo la premisa de que no puede ser muy bajo (pues se considera que afectaría a la mano de obra nacional), el Gobierno de Estados Unidos fija, cada año, un salario mínimo para los trabajadores temporales. Así, por ejemplo, en 2016 la hora se pagó a 10.72 dólares en Carolina del Norte y subió a 11.27 al comienzo de 2017. Como puede observarse, esta cantidad es considerablemente superior, si se le compara con el salario mínimo general de 7.25 dólares por hora que se da en este mismo estado.

Como se ha señalado desde el principio, la razón de estas medidas es que los trabajadores con visas de empleo temporal no afecten las condiciones laborales de los estadounidenses. Pero antes de determinar si esto es verdadero o falso, vale la pena reflexionar acerca de lo que sucede tanto con aquellos que ingresan de manera legal bajo el formato H2A, como quienes ingresan de manera ilegal. Debe entenderse que sí hace una diferencia el estatus; es decir, si los trabajadores agrícolas temporales cuentan con visa de trabajo, ganarán considerablemente mejor que aquellos que no tienen el permiso. Estos últimos son los segundos peor pagados en Estados Unidos, únicamente arriba de los empleados de servicio doméstico.

Pese a lo que pudiera creerse, también los que llegan con visa de trabajo temporal suelen enfrentar diversos problemas, como el tratar con reclutadores (principalmente en México, que es el país que recibe el 80% de las visas para trabajadores agrícolas temporales) que les cobran cuotas ilegales y los engañan respecto de las condiciones en que van a realizar las labores. Sin embargo, en condiciones regulares, acceden a un salario mínimo que, si bien varía en los distintos estados de la Unión, oscila entre los 11 y los 12 dólares la hora, según lo establezca el Departamento del Trabajo. Además, debe cubrírseles la transportación desde su país de origen, brindárseles un lugar de alojamiento y especificar en el contrato si se les ofrecerá un lugar higiénico donde preparar sus alimentos, o bien, el costo que tendrán, en conjunto, las tres comidas que se les venderán. Dicho costo lo determina también el Departamento del Trabajo del Gobierno Federal y, para 2017, bajó dos centavos en Carolina del Norte respecto de 2016, al pasar de 12.09 dólares a 12.07.

De quienes realizan el trabajo de manera ilegal, ya se dijo antes que sus salarios están únicamente por encima del servicio doméstico. Pero no solo eso, ellos deben cubrir el costo de hospedaje y, por supuesto, no reciben alimentación a un precio preferencial. Adicionalmente y, con frecuencia, les roban sus salarios. Todo lo anterior se deriva del hecho de estar al margen de la ley, lo que provoca que no puedan protestar, pues en caso de hacerlo, los contratistas (reclutadores) o los mismos productores podrían denunciarlos para que sean deportados o, simplemente, les quitan el trabajo y, por supuesto, no los contratarán al año siguiente.

De acuerdo con información de Student Action with Farmworkers (Estudiantes en Acción con Campesinos), organización que “colabora con trabajadores agrícolas, estudiantes y aliados en el sureste y en todo el país para crear un sistema agrícola más justo”, los trabajadores del campo no pueden sindicalizarse, al haber sido excluidos de la Ley Nacional de Relaciones Laborales. La Ley de Normas Justas de Trabajo (Fair Labor Standards Act, FLSA) excluía a todos los campesinos, hasta que en 1978 incluyó el salario mínimo, pero solo para los campesinos de granjas grandes. Asimismo, la FLSA “nunca ha sido enmendada para requerir que los trabajadores agrícolas reciban pago por trabajar horas extras”, sin contar que están excluidos de la seguridad social.

Como puede comprenderse a partir de las condiciones de trabajo, la labor agrícola no resulta envidiable. Aun así, los empleados migrantes enfrentan el estigma y la acusación del presidente Donald Trump de que están arrebatando los lugares de empleo a los estadounidenses, cuando son los propios productores quienes niegan que esto sea así. Por ejemplo, Jackie Thompson de Rolesville, en declaraciones a la prensa local, aseguró que sin inmigrantes no podría dirigir su granja. De acuerdo con un estudio del Centro de Desarrollo Global, no hay entre los estadounidenses quienes estén dispuestos a realizar la labor que realizan los inmigrantes, concretamente: “En una semana cualquiera, los trabajadores nativos tienen treinta veces más probabilidades de dejar el trabajo que los trabajadores mexicanos”. Además, en contraste con lo que sucede con los locales o de otros lados, “en 2011, el 90% de los trabajadores agrícolas mexicanos contratados a través de la Asociación de Productores se mantuvo hasta el final de la temporada”. De esta manera, los trabajadores agrícolas extranjeros (con visa y sin ella), de los que se estima el 80% son mexicanos, son el soporte principal de la industria agrícola de Carolina del Norte, que representa un volumen de 84,000 millones de dólares.

Ante tal aporte, lo que cabe esperar es que pronto se reconozca esta destacada labor, se amplíe el número de visas de trabajo temporal y se reduzcan las trabas burocráticas que lo circundan, para que, al menos, los trabajadores agrícolas puedan acceder a mejores condiciones laborales y a un salario más justo. Es claro que el presidente Trump usa el tema migratorio como uno de sus distractores favoritos, pero ya es tiempo de que sus asesores le recomienden moderación, ponderación y, sobre todo, reconocimiento de la realidad.

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